La publicidad de la Iglesia

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Imagínese que usted es un gran creativo publicitario (si ya lo es, imagíneselo de todos modos, pero con el sueldo y reconocimiento que su talento merece). Imagínese que un día se le presenta un nuevo cliente que le encarga una gran campaña con un presupuesto ilimitado. Sólo imagíneselo. Por último, imagínese que la campaña que ha de crear se centra en un producto que todo el mundo quiere, el mejor deseo que un ser humano puede pedir: la felicidad eterna.

 

En su imaginación, se acaban de dar los requisitos necesarios para el éxito de su campaña: un gran talento (usted), un cliente que le da todas las facilidades, también las económicas, y un producto que todo, absolutamente todo el mundo desea.

Vamos a suponer que usted, gran creativo publicitario, es católico (lo uno no contradice lo otro). Usted es católico, sin más adjetivos. Sobra decir que es “practicante”, o “ferviente”, o “conservador”. Usted es católico y punto. Vive su fe. Aunque no sea perfecto, usted es coherente con su fe.

Vamos a suponer también que su “producto” (por llamarlo de una manera) es la felicidad, la salvación eterna. Su “cliente” es Dios mismo. La “empresa” que dirige, la Iglesia.

Aquí hay otro punto a favor para su éxito: usted, como católico, está comprometido personalmente con los objetivos de su cliente (Dios). Desea la felicidad eterna, y la desea para todos los hombres. Y, como seguidor de Jesucristo, está dispuesto a sacrificarse por ello en favor de los demás.

Sin embargo, la cosa no es tan fácil. No todo el mundo quiere aceptar su producto, por muy bueno que sea. No todo el mundo cree en su producto. No todo el mundo está dispuesto a seguir las instrucciones que lleva para aprovecharlo.

Comunicar la fe en el mundo actual se plantea como un verdadero reto lleno de dificultades. Así ha sido a lo largo de la historia del cristianismo. No hay más que ver cómo empezaron la expansión los doce apóstoles (y cómo acabaron sus vidas terrenas la mayoría de ellos). Sin embargo, desde el punto de vista de la publicidad, la Iglesia ha mantenido una posición destacada a lo largo de los siglos.

Lo señala un renombrado publicitario español, Tony Segarra, en su libro “Desde el otro lado del escaparate”:

“El magisterio de la Iglesia en este tema de la comunicación publicitaria ha sido publicitariamente ejemplar. La Iglesia  ha puesto en manos del consumidor la mejor marca de la historia y lo ha hecho casi todo extraordinariamente bien. De entrada piensa a largo plazo, una costumbre que se pierde en este mundo presentista. Otro mérito es la capacidad de poner su marca, sus símbolos, a disposición de la gente, del consumidor. No hay una sola cruz igual en el mundo. Algo que debería hacer pensar a tanto profesional anclado en el manual de identidad corporativa. Otro más: ha trabajado en la transversalidad de mensajes y contenidos, desde la música a la arquitectura, poesía o pintura, representándose de modo propio, eficaz y, a veces, sublime. Y lo más provechoso de su lección: ha sabido vender y conservar el misterio, lo que sólo consigue una gran marca”.

“De acuerdo”, puede pensar usted. “concedamos que la Iglesia ha sido publicitariamente ejemplar. Pero en muchos ámbitos su mensaje parece que no llega, no cala, no se atiende. ¿Cómo se explica eso? ¿Dónde está el problema?”

Nos lo explica Tony Segarra en este vídeo:

La Iglesia, frente a lo que se puede pensar en ocasiones, no se ha quedado atrás. Un eclesiástico del siglo XX, san Josemaría Escrivá, gran comunicador, habló en ocasiones de lo que llamaba la “psicología del anuncio”: “Hay que repetir” decía, “de mil modos diferentes”. Repetir “de mil modos diferentes”, y, a la vez, evitar ser repetitivos, como afirma Segarra. “El mundo está avanzando muy deprisa y la publicidad debe avanzar a la misma velocidad”.

2 Comments so far:

  1. me gusta el video porque el tema esta relciaonado con lo que indicas en el video, es real no basta tener solamente la web si no lo posicionas, interesante forma de promocionarlo, te doy un voto positivo .

    • Iskender dice:

      bueno, desde que tengo uso de razf3n he estado en la igsliea de la Profeceda y nada ha cambiado, pero si la gente que ha querido cambiarla han tenido que irse pues Dios es e9l manda en ella y e9l que quiere crear cizaf1a en la igsliea o en los miembros, Dios lo hace irse, porque el no permite gente de ese grupo, cuidemos nuestro modo de hablar, Jesucristo hasta el ultimo momento de su muerte no abrif3 su boca, fue como cordero al matadero,tomemos eso de ejemplo, que digo con esto, no critiques a la igsliea,al hermano (a), al Pastor, al Ledder, a nadie, si ves irregularidades habla con tu pastor, ora a Dios para que ayude a la Iglesia en eso que tfa ves mal, ! SI AMAS A DIOS AMA A SU IGLESIA Y TE PREOCUPAS POR ELLA!!!! SI NO. el silencio en estos casos es de mucha ayuda.

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